De la superpoblación al calentamiento global

La superpoblación y el calentamiento global estan íntimamente relacionados

Las tasas más altas de aumento de población en la historia del planeta ocurrieron, según Wikipedia, entre 1955 y 1975, con un pico de 2.06% anual en el quinquenio 1965-1970. El temor -más bien, el terror- a la posibilidad de desastrosas hambrunas cundió entonces. De hecho, en algunas regiones africanas, durante la segunda mitad del siglo XX, millares de personas murieron o sufrieron penurias mayores por la escasez de alimentos.

The Population Bomb (La bomba de la población), un libro del biólogo norteamericano Paul R Ehrlich, publicado en 1968, fue quizás la alarma más ruidosa sobre semejante riesgo. En las primeras páginas de su best-seller, el doctor Ehrlich escribió: “Al menos diez millones de personas morirán anualmente de hambre en la década de los setenta… No obstante, tan espantosa cifra será insignificante comparada con el número de víctimas por la misma causa hacia finales del siglo XX.” Aunque en verdad ocurrieron dolorosas hambrunas, algunas agravadas por conflictos sociales, los tétricos pronósticos de ‘La bomba de la población´, por fortuna, no se cumplieron.

El índice de fertilidad femenina se define como el promedio de hijos de las mujeres de un grupo social; entre 1965 y el 2015, a nivel planetario, este índice descendió de 5.0 a 2.5.  No obstante, esta cifra todavía implica un aumento excesivo de la población. ¿Significaría un valor de 2 un crecimiento nulo de la población? No es así. En el mismo período, la expectativa global de vida aumentó marcadamente (de 57 a 69 años) y, aún con una fertilidad femenina de 2, la población del planeta podría alcanzar niveles críticos.

La superpoblación, sin embargo, no es el único problema social de magnitud descomunal y, ya en el siglo XXI, la preocupación predominante se ha desplazado hacia el calentamiento global, amenaza esta íntimamente ligada al elevado número de humanos sobre la Tierra.

¿Qué es el calentamiento global? Sostiene Yuval Harari que, en grado extremo, estamos desestabilizando la biósfera, el gran conjunto de medios donde pueden existir y desarrollarse los seres vivos. Agrega el connotado escritor israelí: “Estamos utilizando más y más recursos vitales del medio ambiente y retornándole cantidades enormes de venenos y basura”. De este desperdicio y de esta contaminación resulta el calentamiento global.

Según datos recientes publicados en enero del 2019 por Science, la revista de la Asociación norteamericana para el avance de la ciencia, las temperaturas de los océanos están aumentando a un ritmo mucho más rápido del que se había estimado en cálculos anteriores, cuatro años atrás. Según Science, los niveles de los océanos podrían aumentar hasta 30 centímetros para el año 2100, causando innumerables y catastróficas inundaciones.

Los seres humanos nos resistimos a aceptar los problemas, aún si son graves, cuando sus efectos dañinos se materializan lentamente, no en el curso de semanas o meses, sino de lustros o décadas-. Nuestros sentidos no detectan los cambios menores y, en consecuencia, nuestra inteligencia se inclina por la negación o la indiferencia con respecto a lo que está sucediendo.

Como los mensajes de los numerosos quijotes de la ecología están encontrando oídos sordos, no solo en la gente corriente sino también en influyentes dirigentes y gobernantes, terminamos esta nota con un par de ideas que pretenden estimular la imaginación. Ojalá estas sugerencias fueran mejoradas y multiplicadas.

Todos miramos con frecuencia en nuestro teléfono inteligente el pronóstico inmediato del tiempo.  La primera sugerencia sería implantar un software que también nos pronosticara la temperatura en nuestra localidad hacia el futuro, además de la del presente. Cuando en una época calurosa, si la temperatura para cualquier día fuera a ser 39oC, ¿nos generaría desasosiego un pronóstico de 41-42oC para dentro de quince años? ¿O de 48oC para finales del siglo? Probablemente sí.

También ayudarían a despertar consciencia ecológica unos cuantos libros exitosos que combinaran ciencia, proyecciones con fundamento razonable y sencillez de lenguaje, con títulos alarmantes como “La aterradora amenaza del calentamiento global” o “El infierno que se nos avecina”.

Tales obras, si llegaran a posicionarse como best-sellers, bien podrían sacudir a los estamentos indiferentes y generar miedo entre los incrédulos… como en su momento lo hizo “La bomba de la población”. Un aumento sustancial de la consciencia colectiva alrededor de la ecología, así fuera infundiendo temor, ciertamente resultaría muy provechoso.

Bogota, enero 18, 2019

@gustrada1

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