Elecciones aproximadas

Los Estados Unidos, por más que lo maldigan sus detractores, es un país extraordinario. Claro que no perfecto… Pero su capacidad de autocrítica –casi siempre seguida de autocorrección– es impresionante. ¿El país más racista del planeta? Lo fue y cruelmente, pero la elección de Barack Obama como su presidente lo ponen de nuevo como número uno en el escalafón de la igualdad de oportunidades. ¿En cuántos países ha sido electo o tiene posibilidades de ser elegido como primer mandatario un representante de sus minorías? ¿Un moreno en Colombia, Ecuador o Perú? (Por supuesto que no, ellos son para las selecciones de fútbol). ¿Un descendiente de turcos en Alemania? ¿Un blanco en Suráfrica? Mmmm…

Por razones que me abstengo de explicar no voté por ninguno de los dos candidatos. Mi voto por McCain u Obama no contaba en donde yo vivo. Así que digité mi voto –ya no se deposita, se “clickea”– para silenciosamente protestar contra el sistema electoral más extraño del planeta. En Estados Unidos el candidato con mayor cantidad de votos puede perder (Al Gore en el año 2000). Los únicos votos que en verdad influyen en los resultados son aquellos de los pocos estados donde los dos partidos tienen aproximadamente el mismo número de adherentes. En los demás, las elecciones están predefinidas casi desde la guerra de secesión. (Hugo Chávez está interesadísimo en adoptar un sistema parecido ahora que el petróleo está de capa caída y se puede quedar corto de plata para repartir entre las milicias bolivarianas).

La democracia electoral como método para elegir gobernantes y el matrimonio como institución para educar hijos y vivir en pareja no funcionan adecuadamente pero nadie ha podido inventar sistemas más apropiados. Por el hecho de que las elecciones no funcionan –se trata de elegir buenos gobernantes– es que hemos tenido cháveces, pastranas y bushes. Lo increíble es que éste último haya ganado dos veces. McCain tuvo ahora seis millones de votos menos que el presidente saliente hace cuatro años; se voltearon o abstuvieron seis millones de racionales republicanos (estos, que ya no creen en Bush, son los republic-anos; los que aún le tienen fe –y los hay, a pesar del desastre– son los republic-ulos).

Cuando la gente vota en Estados Unidos, no vota por su candidato sino por los miembros (que nadie, absolutamente nadie, sabe quiénes son) de un Colegio Electoral que finalmente elige al presidente. Sin embargo, es el nombre del candidato el que aparece en pantalla: Usted escoge el que prefiere pero su voto no es por él (ni por ella: Miss Alaska ya se lanzó para dentro de cuatro años; McCain dizque será su candidato a VP). La constitución de Estados Unidos no es tan maleable como las constituciones suramericanas que, a punta de popularidad o de petrodólares, se vuelven esencialmente de plástico. ¿Cuántas reelecciones han ocurrido en los últimos diez años? (Y vienen más). Así que el Colegio Electoral, con todos sus defectos, seguirá funcionando por años.

Pero las cosas electorales chistosas no son prerrogativa exclusiva de los Estados Unidos. Por ejemplo en Bélgica, para “obligar” a la gente a ejercer su derecho al sufragio, se sanciona a aquellos que no voten cuatro veces en quince años con “la prohibición de votar durante los diez siguientes” (me imagino que es por esta clase de lógica que los belgas no han podido decidir si son un país o dos). Los suizos utilizaron física cuántica para asegurar la pureza de las elecciones del año pasado. Los votos de los electores fueron encriptados y luego transmitidos a servidores centrales utilizando “fotones polarizados” (no tengo ni idea como funciona esto pero ojalá los suizos manejaran con la misma ética las cuentas de la mafia internacional en sus bancos). Gustavo Petro, el senador colombiano escudriñado a toda hora por las agencias del gobierno, dizque está interesado en esta tecnología de fotones polarizados para cifrar y enviar con tranquilidad sus e-mails.

Atlanta, noviembre 6, 2008

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