¿Hay solitarios en las redes sociales?

Las redes sociales  podrían cambiar la forma cómo nos comunicamos

Hace ocho décadas el psicólogo norteamericano Abraham Maslow propuso su reconocida jerarquía de las necesidades humanas y, de acuerdo con su urgencia, las asimiló a una pirámide de cinco niveles -las apremiantes abajo, las trascendentes en la parte superior-. Esta nota solo se refiere a los tres niveles inferiores.

En la base de la figura aparecen las exigencias fisiológicas -aire, agua, alimentos-. Si nos falta el aire, moriremos en minutos; sin agua ni alimentos quizás podremos durar unos pocos días. En el segundo nivel se encuentran las necesidades de seguridad -las físicas, las emocionales, las financieras- cuya carencia conlleva angustias y ansiedades mayores.

El tercer nivel abarca las necesidades de pertenencia que incluyen la familia, las relaciones íntimas y los amigos. Histórica y geográficamente, las estructuras de la familia y las de las relaciones íntimas han tenido diversas aproximaciones; la interpretación social de la amistad, en contraposición, ha sido similar en casi todas las culturas. ¿Están las redes sociales -Facebook,  WhatsApp, Twitter y compañía- alterando el significado milenario de ser amigo? Parece que así es.

En sus comienzos el verbo ‘chatear’, que proviene del inglés ‘chat’, significaba ‘conversar de manera informal’, como se comunican los amigos.  Por la impredecible flexibilidad de las palabras, ‘chatear’ se convirtió primero en escribir y compartir frases a través de teléfonos inteligentes, y después en reenviar indiscriminadamente enlaces y anexos de escritos de terceros.

Resulta incomprensible que tan ‘anónimos’ re-envíos estén desplazando algo tan natural -tan humano- como conversar y, de paso, distorsionen el sentido histórico de la amistad. Sin inmutarse, numerosas personas se precian de tener centenares de ‘amigos’ en su red social. A pesar de tales alardes, en nuestro híper-conectado planeta abunda la soledad.

Internet, sobra decirlo, superó cualquier expectativa tecnológica que se hubiera previsto y optimizó todas las comunicaciones -la comercial, la noticiosa, la cultural, la personal-. Pero su masificación también engendró la ya mencionada costumbre de repartir videos, opiniones, bondadosos consejos, chistes y chismes ajenos, casi siempre sin agregar siquiera un par de palabras que personalicen el reenvío.

Aunque relacionarse siempre ha sido un hábito saludable, estas cadenas sin fin están creando en muchos la dudosa sensación de que, en verdad,  somos sociables y sí tenemos numerosos amigos… que, en teoría, nos  alejan de la soledad.

Los factores que contribuyen al aislamiento social moderno -falta de tiempo, distancias geográficas, dificultades de transporte, temor a interferir en la vida ajena- no son insalvables. Sin embargo, muchos se inclinan por el aislamiento y gente huraña siempre ha existido. Las redes sociales, paradójicamente, podrían estar generando una especie de ‘vida solitaria’ con ‘sensación de pertenencia’, que nos llenaría en apariencia la necesidad de amistad descrita por el doctor Maslow.

Una proporción elevada de los ‘conectados’ a redes sociales se limitan a circular trabajos de terceros, sean ‘youtubes’, videos, fotos, presentaciones, narraciones, chistes o caricaturas, con los más bienintencionados propósitos: aconsejarnos, aterrizarnos, ilustrarnos, entretenernos…

Es improbable, sin embargo, que la ‘amistad’ de las redes sociales nos satisfaga la necesidad de pertenencia. La soledad, sea reconocida o negada, es dañina y, según investigaciones médicas, aumenta el riesgo de contraer artritis, diabetes y enfermedades cardíacas.

Los anexos y los enlaces que mira este columnista son, en general, educativos, entretenidos, imaginativos o divertidos; algunos regresan hasta media docena de veces. Desafortunadamente y en una proporción alta, también circulan demasiadas incongruencias, unas disfrazadas de ciencia, otras sesgadas, y unas cuantas falsas o súper-cursis… que nada aportan a quien las mira y sí le roban su tiempo.

Repasando la pregunta del comienzo, ¿cambiarán las redes sociales en el siglo XXI la noción milenaria de la amistad que conlleva contacto personalizado? Las virtudes de las relaciones desinteresadas han generado novelas, películas, canciones y apologías. Todos los humanos ‘convencionales’ apreciamos a nuestros amigos y procuramos corresponderles sus afectos.

Sin embargo, las redes sociales sí están abriendo un signo de interrogación y podrían cambiar la forma cómo nos comunicamos con nuestros contactos, sin mucha distinción entre íntimos, allegados, relaciones casuales o simples ‘clics’ sin propósito alguno.

Atlanta, octubre 3, 2018

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