La difícil misión de los 43 sabios

Un examen de lo que hemos sido, lo que somos y lo que tenemos que ser en materia de ciencia

El pasado 8 de febrero el presidente de Colombia instaló una Misión de Sabios, cuyos 43 miembros deberán formular el rumbo científico que el país ha de seguir para salir pronto de su estado actual de subdesarrollo. Este distinguido equipo está conformado por notables investigadores, académicos, intelectuales y artistas, del más alto nivel, y alineados en ocho avenidas que incluyen tecnología industrial, energía sostenible, hidrología y biotecnología.

Durante la presentación de este ambicioso propósito, el presidente Iván Duque aseguró que “en el marco del Bicentenario, nace aquí un proyecto que examinará lo que hemos sido, lo que somos y lo que tenemos que ser en materia de ciencia”. Y agregó: “Nuestra meta es llevar la inversión en ciencia y tecnología, expresada como porcentaje del Producto Interno Bruto, del 0,2% actual hasta el 1,5%” en el 2022”.

¿Será este gran esfuerzo más fructífero que otro similar efectuado hace un cuarto de siglo? Ojalá que así sea. Las respuestas aparecerán progresivamente, a medida que se implementen las recomendaciones del proyecto. Esta nota plantea algunos interrogantes sobre la nueva Misión de los Sabios.

El reto de cualquier gobierno para sacar del subdesarrollo a sus habitantes es descomunal.  ¿Qué tan ‘subdesarrollada’ está Colombia en tecnología? No existen indicadores precisos para el grado de utilización de las ciencias aplicadas. En su ausencia, el número de patentes otorgadas a sus inventores es una medida direccional del avance (o del retraso) tecnológico de un país. En esta medición, Colombia sale muy mal librada.

Las patentes registradas a nivel mundial se concentran en cinco países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea del Sur y China, la última en llegar al club. De los seis millones de patentes concedidas hasta el 2015, cinco millones (71%) fueron de estos cinco países. Colombia, con tan solo 348 patentes (0.005%), aparece en el puesto 56 de la tabla, por debajo de Liechtenstein (653 patentes, 39.000 habitantes). 

El atraso de cualquier región es causa y consecuencia de su subdesarrollo. Estamos atrasados porque no ‘inventamos’ y no ‘inventamos’ porque estamos atrasados. ¿Es posible salir de este círculo vicioso? Una primera recomendación sería la adopción, dentro del marco legal, por supuesto, de inventos ya funcionando en otras latitudes, en contraposición al desarrollo desde cero de equipos o procesos nuevos.

Además de esta estrategia ‘adaptadora’, prudentemente ‘copiadora’, las naciones en vía de desarrollo podrían también ‘acelerar’ la implantación y aplicación de ‘tecnologías’ administrativas, tales como planeación estratégica, desarrollo organizacional o dirección de proyectos. Estas metodologías, sin restricciones de propiedad intelectual, no necesitan de máquinas o equipos sofisticados y, en general, están siendo subutilizadas o mal utilizadas por muchas de las empresas del tercer mundo.

Aunque la tecnología es importantísima, el énfasis de las propuestas y las conclusiones de la Misión de Sabios debería apuntar más hacia dónde queremos movernos como sociedad que hacia dónde queremos apuntar en ‘materia de ciencia’.  La tecnología deber ser la herramienta -no el objetivo- para llegar a una nueva manera de comportarnos como sociedad, a una cultura diferente, a una forma distinta de trabajar, producir, distribuir, contabilizar, controlar…

El reto es complejísimo. Los medios especializados pueden enumerar docenas de proyectos tecnológicos que nunca arrancaron, arrancaron tarde o no trajeron los beneficios esperados. Invertir el 1.5 por ciento del PIB en tecnología no es garantía infalible de éxito.

El cambio cultural es más difícil que el cambio tecnológico; este es parte de aquel. Colombia debe emprender proyectos de magnitud mayor hacia transformaciones sociales sustanciales, para los cuales, por supuesto, la tecnología es una herramienta de apoyo. Todos deseamos que el Grupo de Sabios llegue a conclusiones brillantes y propuestas exitosas. Pero la tarea no es fácil, de ninguna manera, y existen riesgos gigantescos.

Charles Franklin Kettering (1878-1958), empresario norteamericano, inventor y dueño de 186 patentes (más de la mitad de todas las colombianas) es reconocido por sus frases pragmáticas. Una de ellas viene como anillo al dedo para el párrafo final de esta nota: “Cuando usted quiere que un proyecto urgente no se haga, delégueselo a un comité.”

El reto y la dificultad de la misión propuesta para este complejo proyecto difícilmente podrían ser mayores. Confiemos, entonces, que el Grupo de Sabios no termine convertido en un comité… O, lo que es peor, en ocho comités, uno por cada una de las avenidas de trabajo.

Bogotá , marzo 9, 2019

@gustrada1

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