La modernización de la primera cita

Más allá de organizar romances, ¿hacia dónde más podría moverse el coqueteo electrónico?

La tecnología ha transformado radicalmente todas las formas de hacer negocios. La creatividad informática de Whatsapp, Uber y Airbnb, a manera de ejemplo, tiene respectivamente en jaque a las empresas de telefonía, a los servicios de taxis y a la industria hotelera. Nadie se imaginó, sin embargo, que Internet también innovaría el romance de los humanos o, más exactamente, la forma como y los lugares dónde los idilios se inician.
En los países más avanzados, la Red se ha convertido en la herramienta preferida para llegar al primer encuentro entre potenciales enamorados, desplazando rápidamente las presentaciones de amigos, los sitios de trabajo, los bares y las iglesias, como las aproximaciones tradicionales a la primera cita amorosa. La tendencia parece ser imparable.
Como casi todas las innovaciones, las citas electrónicas también arrancaron en el primer mundo y luego se propagaron al resto del planeta. Según cifras de The Economist, hoy en los Estados Unidos, la tercera parte de las parejas heterosexuales y dos de cada tres parejas homosexuales se están estableciendo a través de Internet.
Hasta ahora lo más positivo de las citas en línea es el resultado. Según la revista británica, las parejas que comenzaron su relación ‘electrónicamente’ expresan un grado ligeramente superior de satisfacción en su relación, en comparación con aquellos que la iniciaron mediante los enfoques tradicionales.
En Inglaterra la tendencia es clara, aunque un poco más lenta. Allí, un poco rezagados en comparación con los Estados Unidos, uno de cada cinco noviazgos comienza con presentaciones electrónicas, y casi la mitad de todos los solteros británicos han buscado alguna vez relaciones amorosas a través de la Red. Con diferencias de magnitud, la tendencia es real e impactante en muchos países. ¿Hasta dónde llegará?
Los sitios que ofrecen servicios de búsqueda de pareja son numerosísimos y, en general, apuntan a similitud de intereses y ‘compatibilidad’ de caracteres. La similitud de intereses se obtiene de cuestionarios que deben responder los interesados; la compatibilidad de caracteres se estima a través de pruebas de personalidad.
Existen tantas versiones de pruebas de personalidad como dudas sobre su confiabilidad. La más reconocida -y la que demanda más calificaciones y profesionalismo de quienes analizan los resultados- es el denominado modelo de las cinco dimensiones -sociabilidad, apertura a la experiencia, nivel de responsabilidad, interés por la armonía social y nivel emocional-.
Este columnista, que ha ‘medido’ su personalidad con las ‘cinco dimensiones’, más no con propósitos románticos, considera que son pocos los servicios de citas amorosas que utilizan esta prueba para cumplir con su cometido. Su estricta aplicación es exigente y demanda profesionales calificados que, por supuesto, elevan los costos de los servicios.
Más allá de organizar romances, ¿hacia dónde más podría moverse el coqueteo electrónico? Ni siquiera Yuval Harari, el historiador y futurólogo israelí, se ha atrevido a tocar el tema; no obstante, vale la pena resaltar ahora una de sus retadores interrogantes.
En la última página de su libro Homo Deus, escribe el doctor Harari: “Los algoritmos computarizados no conscientes pero, eso sí, inteligentísimos, pronto podrían conocernos mejor que nosotros mismos”. Y agrega: “¿Qué le ocurrirá a la vida cotidiana cuando tales desarrollos se vuelvan realidad?”
El impacto de los algoritmos inteligentes en nuestro mundo interior, donde se mueven los sentimientos, será tan extraordinario como impredecible. No hay ecuaciones para el amor pero la inteligencia artificial ha demostrado que puede establecer afinidades entre variables en apariencia desconectadas.
El software moderno bien podría no solo facilitar la búsqueda de la pareja más apropiada para cada interesado sino que también podría sugerir directrices para favorecer los ‘emparejamientos’ óptimos de cualquier barrio, ciudad o territorio geográfico. ¿Posible resultado social? Menos divorcios, menos pleitos jurídicos, más hijos educados por ambos padres… El potencial beneficio colectivo sería notable.
La historia muestra que muchos desarrollos tecnológicos, una vez se convierten en productos o servicios para salir al mercado, conducen a nuevas aplicaciones, con propósitos completamente diferentes de los originales. ¿Sucederá así con la información global disponible de los romances en línea? Confiemos que sí. A medida que aumente la solidez de las parejas, así también crecerá la estabilidad de todo el grupo social al cual los novios pertenecen.
Gustavo Estrada
Autor de ‘Armonía interior: El camino hacia la atención total’
En Twitter: @gustrada1

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