La observación del ‘televisor’ mental

Decía Laureano Márquez, algunos años atrás, refiriéndose a Hugo Chávez, amo y señor de su país en esa época, que él se tranquilizaba si veía al coronel discurseando en vivo por la televisión. “Cuando así ocurre,” comentaba el excelente humorista venezolano, “sé muy bien en qué anda nuestro presidente”. “En cambio,” agregaba, “si Chávez está ausente de la pantalla chica, ahí si me preocupo muchísimo… porque entonces está gobernando”.

Algo parecido sucede en nuestro cerebro dentro del cual la mente es el ‘comandante’ de todas nuestras acciones. Así como Laureano Márquez observaba a Hugo Chávez, cada persona puede vigilar su propia mente y mirarse en su propio televisor. Haciendo esto, como por arte de magia, la mente misma se apacigua. La práctica continuada de este hábito se denomina ‘atención total’.

Tan pronto nos descuidamos y abandonamos el aquí y el ahora… de nuevo, el ‘mariposeo’ toma impulso, los pensamientos desordenados se desbordan y los hábitos mentales dañinos descargan su arsenal de deseos desordenados y aversiones gratuitas… La ‘tranquilidad’, entonces, se esfuma, sin que nos demos cuenta, hasta cuando, con el ‘control remoto’ de la TV cerebral, retornemos al canal ‘presente’.

Al observar la mente, la ‘nuestra’, la única sobre la cual podríamos aspirar a tener algún control, reconocemos los programas de la ‘televisión mental’, podemos monitorear las divagaciones… Y aprendemos que, al igual que los niños, la mente se aquieta cuando la vigilamos. Es en los largos intervalos de descontrol y divagación cuando la mente nos manipula con los vicios y las reacciones automáticas que, durante mucho tiempo, se han ‘pregrabado’ en nuestros circuitos neuronales.

¿Es sencillo mantener la mente, vigilante de sí misma, a todo momento? !De ninguna manera! Los que hemos logrado adquirir el hábito de la meditación bien sabemos que demanda disciplina y dedicación. Y quienes han comenzado a practicarla y se han rendido después de unas pocas sesiones, siempre acuden más a disculpas inventadas que a razones valederas.

La atención total se fortalece con la meditación del mismo nombre y ha de sostenerse en el ‘televisor imaginario’ para mirar la ‘película’ en la cual nuestra cabeza está entretenida y que ‘parece aquietarse’ cuando nosotros mismos la patrullamos. Eso nos da una tranquilidad parecida a la que describía Laureano Márquez, si veía a Hugo Chávez en la tele. Cuando la mente anda desbocada y nadie la está mirando… Pues ella, “la loca del ático”, es la que está gobernando.

Hagamos ahora algunas precisiones. El sentido de identidad, el ‘ego total’ de una persona, consiste de una porción superflua (el ego redundante) y una porción intrínseca (el ser esencial). La parte superflua, que viene de afuera, la conforman los condicionamientos mentales dañinos sembrados por la sociedad -deseos desordenados, adicciones, aversiones, odios-. El ser esencial, que viene de adentro, es el yo ‘reducido’ a su tamaño fundamental, una vez los condicionamientos mentales dañinos han sido silenciados. En los sabios ‘budistas’, no necesariamente monjes, la porción redundante es nula e inexistente; ellos viven desde su ser esencial.

El ego total del desaparecido presidente venezolano era descomunal y su arrogancia, en consecuencia, gigantesca. Si con los ojos cerrados, el coronel se hubiera sentado unas cuantas veces, en silencio y sin juicios, a observar su ‘televisor mental’ por siquiera quince minutos, -algo quizás imposible para su volatilidad mental-, a él jamás se le hubiera ocurrido compararse con Simón Bolívar, libertador de una cuarta parte de Suramérica.

Las mentes divagadoras pueden ‘jugar’ con todo tipo de elucubraciones, de amores y odios, de triunfos y fracasos… Sin darse cuenta de lo que están haciendo. Prestando atención a los rodeos de nuestra cabeza, podemos aterrizar todas esas fantasías. Y, de paso, dejar de preocuparnos… Mientras escuchamos las divagaciones de nuestro propio ‘chávez’ charlatán.

Bogotá, septiembre 27, 2019

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