Meditación e inhibición neuronal

La meditación  es un ejercicio intensivo de la capacididad de inhibición

Un escéptico de la meditación expresó su desacuerdo con una nota reciente de este columnista, en este cáustico comentario: “Los seres humanos no necesitamos meditar… Solo el autor del articulito dice que meditar es una necesidad humana. La meditación es un embeleco auto-sugestivo inútil”.  ¿Es obligatorio meditar? No, nadie podría meditar a la fuerza. ¿Es provechoso? Sin duda alguna.

El sistema nervioso, del cual el cerebro es el centro, consiste de billones de neuronas interconectadas en circuitos de incomprensible complejidad. Las  neuronas y los circuitos se comunican entre sí mediante instrucciones electroquímicas excitadoras, si aumentan la actividad de la neurona o el circuito receptor de la señal, o inhibidoras, si la disminuyen. La ‘excitación’ se adiestra con ejercicios físicos y mentales; la ‘inhibición’ se entrena con la quietud, el silencio, la pasividad…

Los efectos de la excitación son visibles, sensibles, detectables… Los efectos de la inhibición pasan desapercibidos  y el dueño del cerebro ni siquiera se percata del resultado. No sentimos el roce de la ropa ni notamos el contacto de la silla donde estamos sentados porque ciertas neuronas inhibidoras están ejecutando bien su trabajo. Los circuitos inhibidores actúan como porteros que controlan el acceso a un cine; nadie entra a la sala sin que ellos lo permitan y eso es lo normal. Si los porteros suspendieran su labor ‘inhibidora’, los interesados en ingresar se colarían a la película sin pagar y eso es anormal.

Excitación e inhibición son ambas acciones importantes y críticas. Se estima  que hay más actividad inhibidora que excitadora en nuestro sistema nervioso; así es, sin duda alguna, cuando dormimos. Tanto los circuitos inhibidores como los excitadores necesitan ‘entrenarse’ para mantenerse en forma; lo que no se usa, se deteriora. La meditación de atención total es un ejercicio intensivo de los circuitos inhibitorios y, por ello, es útil.

¿Necesita todo el mundo meditar para sosegar su mente? No. Existen personas especiales, genéticamente apacibles y todos conocemos gente así. Una de ellas, Jiddu Krishnamurti, el filósofo de la India, critica la meditación diciendo: “Cuando alguien aprende un truco para aquietar la mente, el truco sustituye el objetivo de la búsqueda sea la armonía interior, la verdad o el significado de la existencia, y termina afiliado a la escuela del patrocinador de la técnica”.

Los apacibles naturales son la excepción; sus circuitos inhibitorios se encargan de manejarles toda la basura ruidosa. Por otra parte, los bombardeos permanentes de información que recibimos, sobre todo en el siglo XXI, demandan circuitos inhibitorios eficientes que filtren y controlen; para que así suceda, todos los ciudadanos corrientes -los no-Krishnamurtis-  deberíamos meditar.

¿Qué resuelve la meditación de atención total? Los ciclos ‘necesidades-apetitos-placer’ (el placer se experimenta cuando un apetito es satisfecho) y ‘amenazas-miedo-dolor’ (el dolor se siente cuando una amenaza no se controla) son naturales; de ellos dependen la supervivencia individual y la de la especie. Desafortunadamente los apetitos desbocados se convierten en adicciones y dependencias, y los miedos descontrolados se tornan en pánicos recurrentes y fobias. Los excesos de ambos engendran comportamientos compulsivos anormales.

Varios estudios sobre trastornos obsesivos, insomnio y dolor crónico han ubicado la raíz de tales  alteraciones en deterioros de los mecanismos inhibitorios de los pacientes. Además, respaldando el párrafo anterior, algunas drogas reparadoras de la inhibición han dado resultados positivos en el tratamiento de problemas de ‘descontrol’ como alcoholismo,  adicción a la mariguana y cleptomanía.

Dice el psicólogo norteamericano Daniel Goleman, autor de ‘La inteligencia emocional’: “No es la cháchara a nuestro alrededor la que más nos distrae y nos causa daño sino el parloteo dentro de nuestras propias cabezas. La concentración exige que las voces internas se silencien. Comience a restar ‘siete’ sucesivamente de cien… Si sostiene su mente en la tarea, la zona de cháchara se volverá silencio”.

Dudo que esta nota convenza al crítico citado al comienzo; él no es el único contradictor de la meditación. Si usted piensa que la meditación es inútil, simplemente haga un ensayo con la sugerencia del doctor Goleman y sustraiga reiteradamente cinco de  mil, hasta donde pueda. Su llegada a cero será clara señal de que puede silenciar la cháchara de su cabeza. Y si lo logra en su primer ensayo, es probable que usted, en verdad, no necesite meditar.

Atlanta, marzo 8, 2018
Autor de ‘Hacia el Buda desde occidente’
@gustrada1

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