Nunca comprenderemos todo

Toda discusión sobre hipótesis no comprobables resulta siempre un ejercicio bastante inútil, así nos divierta o lleguemos a pensar que ganamos el pleito. Los temas metafísicos, sobre los que cualquiera puede opinar, son un buen ejemplo de tales hipótesis. No es fácil probar que algo imperceptible pueda existir ni que todo lo que existe tenga que ser visible o palpable. La “conocida” materia oscura, cinco veces más abundante que la materia tangible, nunca ha sido detectada y su existencia es apenas inferida por sus efectos gravitacionales en la materia visible (para mí la cosa no está tan clara pero al menos comprendo el porqué la llaman materia oscura: no es porque no se vea sino porque no se entiende).

El Buda no sabe nada de física pero es pragmático con respecto a las cosas confusas: “Sea la existencia o inexistencia del alma, el renacimiento o desaparición de los budas después de su muerte, etc., tales discusiones en nada contribuyen a la eliminación del sufrimiento”, dice al respecto el antiguo Sabio. En varios discursos hace diez declaraciones muy similares acerca de los temas sobre los cuales él no opina y desanima cualquier altercado; estas declaraciones se conocen en la literatura budista como los diez indeterminados.

Cuatro de los diez indeterminados se refieren al universo –su eternidad o transitoriedad en el tiempo y su finitud o infinitud en el espacio– y, a diferencia de los otros seis asuntos, estos cuatro tienen más que ver con astrofísica o cosmología que con religión o filosofía. Veinticinco siglos después, la ciencia moderna parece darle la razón al Buda no tanto en cuanto a que la discusión de estos puntos no promueven la eliminación del sufrimiento como a que, con respecto a ellos, posiblemente nunca conoceremos la verdad última. ¿Para qué discutirlos entonces?

Los conocimientos de la época del Buda (siglo VI a.C.) eran tan limitados que la palabra “científicos” les hubiera quedado bien grande; las Enseñanzas del Buda no son fruto del estudio sino de la intuición y la experiencia. En el mundo moderno, la aseveración de nuestra incapacidad de comprenderlo todo va mucho más allá de la cosmología y abarca todas las ciencias. Cada descubrimiento de los científicos, sea en física, química, biología, genética o neurología, abre un nuevo espacio donde con frecuencia los investigadores creen haber llegado a la habitación última de la erudición; allí con “certeza” sí se encuentran la verdad definitiva y el punto final.

Pero no es así. El nuevo cuarto conduce a pasillos adicionales que, con puertas selladas, presentan incógnitas adicionales. Nunca comprenderemos completamente, nunca encontraremos la teoría que nos explique todas las cosas. No, en las ciencias naturales, y mucho menos, en las ciencias sociales. En física, la disciplina académica más antigua si consideramos a la astronomía como una parte de ella, a manera de ejemplo, todos los esfuerzos hacia una teoría unificada han fracasado. Dice el científico brasileño Marcelo Gleiser de Darmouth: “el modelo de unificación, tan estéticamente atractivo, puede simplemente ser eso, una descripción interesante de la naturaleza que, desafortunadamente, no concuerda con la realidad física. La naturaleza no comparte nuestros mitos”. La selección natural no favoreció un cerebro que comprendiera el origen del universo o el funcionamiento de la mente humana sino un órgano para que su dueño sobreviviera en los ambientes hostiles que habitaron nuestros antepasados.

Basta leer unos cuantos escritos científicos en cualquier disciplina para corroborar que los investigadores se mueven a tientas. Los siguientes párrafos, como ejemplos adicionales en una disciplina diferente a la física, aparecen todos en una sola edición, la de diciembre 2008 – enero 2009, de la revista Scientific American Mind:

  • Nadie conoce la causa de la esquizofrenia, un desorden demoledor caracterizado por la psicosis y por un severo deterioro de las funciones cognitivas.
  • Algunas investigaciones recientes sugieren que las pastillas anticonceptivas podrían afectar los tipos de hombres que le gustan a una mujer pero se ignoran las razones para que ello ocurra.
  • La visión involucra múltiples áreas del cerebro trabajando simultáneamente pero la forma como los resultados de los diferentes procesos se consolidan para crear una percepción unificada sin fraccionamientos ni diferencias es todavía un misterio sin solución.
  • La estimulación profunda del cerebro (DBS: Deep Brain Stimulation) mediante una batería implantada que envía pulsos de electricidad a áreas predefinidas del cerebro puede disminuir diversos problemas de salud como la depresión, el síndrome de Tourette, los desórdenes compulsivos o las adicciones. Se desconocen tanto la forma como opera el DBS para generar estos beneficios como los mecanismos fisiológicos que originan los problemas.
  • Aunque la hipnosis plantea misterios fascinantes que mantendrán ocupados a los científicos por décadas, parece claro que tiene más en común con los estados conscientes corrientes de la vida diaria que con los trances inducidos en las películas de suspenso de Hollywood.

Por supuesto que el conocimiento es el motor fundamental del progreso humano. ¡Gracias a la ciencia por todos sus impresionantes hallazgos! Pero el saber (la posesión de conocimientos), si se torna obsesivo, puede llegar a padecer de la soberbia y la avaricia que caracterizan al tener (la posesión de bienes) cuando se sale de control. Saber y tener, ambos se mueven hacia la búsqueda del placer, sea éste material, estético u onírico. El Buda no reprocha el usufructo de los bienes, cualquiera que sea su naturaleza, sino la búsqueda desbocada del placer y el apego desordenado a aquello que lo origina. De allí surge el sufrimiento innecesario cuya eliminación conduce a la paz interior y a la armonía.

De la mano con los estudios sobre quarks, neuronas, genes, esquizofrenia y cerebro, la investigación moderna podría esforzarse también en identificar formas de disminuir el sufrimiento humano y acrecentar las armonías individuales y colectivas. Como mínimo, estas metas suenan igual de importantes a la comprensión del origen del universo, la verificación de su transitoriedad o el descubrimiento de universos paralelos.

Atlanta, febrero 5, 2009

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