¿Son reales las inteligencias múltiples?

Desde su presentación inicial en los años ochenta, la teoría de las inteligencias múltiples, propuesta entonces por el doctor Howard Gardner, psicólogo de Harvard, ha tenido simpatizantes, como este servidor, y detractores, como el psicólogo Matt Huston, editor de la revista Psychology Today, y el profesor Richard Haier de la Universidad de California en Irving. El primero escribió recientemente en la mencionada revista una nota descalificadora de la reconocida teoría; el segundo sirvió como apoyo académico de las críticas.

El escrito, bajo el título “Diez mitos alrededor de la mente”, afirma que, “si las inteligencias múltiples realmente existieran y si cada persona fuera sobresaliente en al menos una de ellas, el mundo sería más equitativo”. Y agrega que, tanto esta conjetura como las otras nueve teorías cubiertas en el mismo artículo, están mandadas a recoger y la ciencia debe olvidarse de ellas. Tanto Huston como Haier, en el territorio de las inteligencias múltiples,  están errados en sus afirmaciones.

¿Qué son las inteligencias múltiples? La palabra ‘inteligencia’, como habilidad esencialmente humana,  ha sido siempre definida en frases como “la facultad de discurrir, la aptitud de entender relaciones complejas, la competencia para resolver problemas…” El doctor Howard Gardner redefinió el vocablo, sugirió una expansión mayor de su alcance y propuso la existencia de ocho expresiones diferentes del talento.

Inteligencia, sugirió el doctor Gardner, es “el potencial para procesar información con el fin de resolver problemas o de crear productos que sean de valor en una cultura”. Y las ocho manifestaciones de tal cualidad que él postuló son la matemática de Isaac Newton, la musical de Wolfgang Amadeus Mozart, la naturalista de Charles Darwin, la intrapersonal de muchos novelistas, la interpersonal de los grandes políticos… Y la corporal y la espacial que con excelencia ‘combina’ Leonel Messi.

Las ocho aproximaciones no solo son razonables y conceptualmente válidas sino probablemente ‘exhaustivas’, esto es, en ellas tienen cabida todas las formas del talento de los seres humanos. Por el hecho de que no ha sido verificada experimentalmente, este columnista sugiere que la teoría bien podría ser ‘degradada’, sin restarle ningún mérito, al nivel de hipótesis, con opciones abiertas para adiciones al número de ‘manifestaciones de talento humano’.

Sabemos que ya existen equipos electrónicos que ‘piensan’, recuerdan, reconocen caras, componen música, calculan distancias entre objetos, o encestan desde lejos pelotas de baloncesto. Tales logros, sin embargo, no aclaran, de ninguna manera, el funcionamiento de la mente humana ni la evolución del sistema nervioso en las especies primitivas para llegar al grado de sofisticación del cerebro del Homo sapiens.

Una hipótesis es una suposición que todavía no ha sido científicamente demostrada. Una teoría, en contraposición, consta de principios respaldados por observaciones, datos experimentales y relaciones lógicas o matemáticas, que proporcionan explicaciones completas e incuestionables. Toda potencial teoría, antes de comprobarse con las pruebas exhaustivas y exigentes del método científico, es apenas una hipótesis.

La teoría de las inteligencias, que no ha sido sometida a tales pruebas, bien podría ser ‘degradada’, sin restarle ningún mérito, hasta el nivel de hipótesis, con opciones abiertas en cuanto al número de ‘expresiones de inteligencia’ y a las denominaciones específicas que pudieran asignárseles.

De ninguna manera, las inteligencias múltiples pueden borrarse, bajo ninguna circunstancia, de los catálogos de la ciencia. La comprensión del funcionamiento del sistema nervioso y, en particular, del cerebro humano, está aún en pañales. La ingeniería neural apenas está dando sus primeros pasos.

¿Por qué este columnista defiende y admira la teoría de las inteligencias múltiples? Porque le han resultado útiles para sus autoevaluaciones retrospectivas. Y porque la hipótesis de las inteligencias múltiples y cada una de las descripciones le han permitido comprender, con claridad meridiana, que en inteligencia corporal e inteligencia espacial -en las cuales mi admirado Leonel Messi es un genio-, este servidor es bastante bruto: Jamás logró aprender a bailar y muy rara vez encestaba en basquetbol.

En cambio, en su época de estudiante y mucho antes de las propuestas del doctor Gardner, este servidor obtuvo notas razonables en las disciplinas exigentes de lógica (como las matemáticas) y de habilidad verbal (como el lenguaje), con lo cual concluyó que sus cualidades mentales andaban por estas áreas.

Bogota, octubre 6, 2019

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