Un trasplante insólito y novedoso

Entre bacterias, virus y hongos unicelulares, nuestros intestinos contienen unos cien billones ­-un uno más catorce ceros- de microorganismos, que pesan casi dos kilogramos. Los tales microorganismos, de unas mil variedades, también abundan en el pelo, la boca, la piel, y su gran conjunto conforma la denominada flora humana. Casi todas estas ‘criaturitiquiticas’ son parásitas ­-no pagan arriendo ni alimentación-; algunas son definitivamente dañinas, y de la gran mayoría desconocemos su oficio, si es que lo tienen.

Unos cuantos de los colonos intestinales, sin embargo, son vitales para nuestra salud. Si nos abandonan, nos morimos; si nos disminuyen su ayuda, nos enfermamos. Recientemente, mediante una intervención tan curiosa como esperanzadora, un equipo de la Universidad de Minnesota ha logrado controlar a los microorganismos que se han desordenado mediante el trasplante de unos cuantos benignos conquistadores desde un estómago saludable hasta el estómago con deficiencias bacterianas. El inmunólogo y gastroenterólogo Alexander Khoruts ha sido el líder de este desarrollo.

¿Qué enfermedades provienen de los desbalances de la flora intestinal? De acuerdo con el doctor Patrick Seed de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, el síndrome del colon irritable es el primer candidato. (Este genérico desorden se denomina ‘irritable’, creo yo, no solo por las inflamaciones intestinales que le causa a los pacientes sino también por el mal genio que les produce). Otros tres padecimientos (alergias, diabetes y obesidad) podrían también relacionarse con los desajustes ‘florales’. El tratamiento de estos cuatro grandes males de la humanidad, no solo ofrece un potencial impresionante para la salud humana sino que el procedimiento de ataque a la causa es ‘nobelesco’ (merece el Nobel) y novelesco (por lo increíblemente insólito).

El doctor Khoruts, quien por fortuna compartía la teoría del doctor Seed, es el cerebro detrás de la idea. A mediados del año pasado, una de sus pacientes estaba amenazada de muerte por una infección denominada Clostridium difficile, una enfermedad inflamatoria del colon que, con semejante nombre, tiene que ser gravísima. La señora, en un estado lamentable, había perdido veintisiete kilogramos y ningún antibiótico lograba detener su diarrea. En una acción desesperada, el doctor Khoruts obtuvo una muestra de las materias fecales del esposo de la enferma, la mezcló con una solución salina, y la inyectó en el colon de la sufrida doliente. En veinticuatro horas la diarrea se había detenido y en pocos días todos los demás síntomas eran historia.

Evaluando el asombroso progreso, el doctor Khoruts encontró que la flora microbiana de la señora había sido reemplazada casi completamente por los microbios sanos de su cónyuge. “Desde esta experiencia”, agrega el gastroenterólogo, “hemos tratado exitosamente otros veintitrés pacientes, todos ellos con dramáticas hojas clínicas”.

La anterior noticia científica no puede ser menos que extraordinaria. ¿Quién iba a pensar que las materias fecales podrían resultar medicinales? ¿Y a quién se le iba a ocurrir que hay cacas buenas y cacas malas? El impacto social (no solo científico) de este tratamiento es impredecible. ¡Imagínense la competencia que le está apareciendo a las compañías farmacéuticas! Se abre con este invento un potencial increíble de negocios personales que catalizará un cambio notable en los hábitos alimenticios. Si los lectores aspiran a valorizar sus residuos sanitarios tienen pues que cuidar muy bien lo que comen y lo que beben.

No me sorprenderá que pronto empiecen a aparecer por Internet anuncios con especificaciones concretas: “Se necesita con urgencia popó de persona vegetariana, abstemia, y con alto contenido de Lactobacillus plantarum. Se exige certificación autenticada de un laboratorio clínico y de un supermercado naturista”. Así que, si ustedes aspiran a beneficiarse de este desarrollo, que veo inminente, pues comiencen a vivir lo más sanamente posible. De lo contrario, sus materias fecales valdrán m…

Atlanta, marzo 3, 2011

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